Epifanía del Señor

“Para la Iglesia creyente y orante, los Magos de Oriente que, bajo la guía de la estrella, encontraron el camino hacia el pesebre de Belén, son el comienzo de una gran procesión que recorre la historia. Por eso, la liturgia lee el evangelio que habla del camino de los Magos junto con las espléndidas visiones proféticas de Isaías 60 y del Salmo 72, que ilustran con imágenes audaces la peregrinación de los pueblos hacia Jerusalén. Al igual que los pastores que, como primeros huéspedes del Niño recién nacido que yace en el pesebre, son la personificación de los pobres de Israel y, en general, de las almas humildes que viven interiormente muy cerca de Jesús, así también los hombres que vienen de Oriente personifican al mundo de los pueblos, la Iglesia de los gentiles -los hombres que a través de los siglos se dirigen al Niño de Belén, honran en él al Hijo de Dios y se postran ante él.”

(homilía del santo padre Benedicto XVI, basílica vaticana, domingo 6 de enero de 2013)

Esta solemnidad en la vida de los cristianos católicos es la actualización de la manifestación de Dios al mundo, donde el Dios que para los judíos estaba lejano e innombrable, ahora se hace presente y cercano a toda la humanidad, como nos dice el papa la figura de los pastores es la representación de Israel, pero los reyes magos que por tradición local los cuantificamos en tres y de distintas partes del mundo, representan a todos aquellos que quieren vivir el camino de la conversión y ser fieles al llamado que Dios hace, esta solemnidad no debe ser simplemente un motivo de fiesta civil y del primer puente del año, sino que debe verdaderamente llevarnos a ver en la figura del niño Jesús y de los reyes magos un Dios que no es exclusivista, sino un Dios que abre sus puertas de amor y misericordia a todos los hombres que quieren la salvación.