REFLEXIÓN DEL EVANGELIO

agosto 20, 2019 Por admin
Queridos hermanos, en el Evangelio de Lucas, Jesús les da a sus discípulos un anuncio escatológico,  mostrándoles las realidades de la vida.

Cuando pronuncia «He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla! Cuando Jesús habla de prender el fuego, no es un fuego de destrucción, desolación con el fin de devastar la tierra, se refiere a un fuego transformador de la vida del discípulo, de nuestras vidas como cristianos y de todos aquellos que  quieren seguir a Jesús. Él quiere una transformación de  nuestras acciones, nuestros caprichos, la condición de pecado, nuestras ideologías negativas que opacan la misericordia y el amor de Dios.

Jesús también  habla de un bautismo. En el bautismo, el signo más importante   es el Agua. El Agua, purifica, lava y limpia nuestras impurezas, como el orgullo, prepotencia, vanidad, el creernos superior que los demás; con el bautismo damos inicio a una vida nueva en Dios, nos devuelve nuestra condición de hijos de Dios.

Jesús con el bautismo dio inicio a su ministerio hasta llegar a darlo todo en supasión, muerte y resurrección. Pidamos al Señor Jesús, que el fuego que Él quiere encender sea el amor, en esa tierra que es nuestra propia vida y en especial en nuestro corazón, un amor inefable que sane cuanto nos aleje de su bondad. Así como Jesús se dio en la cruz por amor, y para el perdón de nuestros pecados, seamos capaces de entregarnos  a Él, y ver con ojos de Jesús al enfermo, al triste,al pecador, al indigente, al perseguido y el que busca con ansias  consuelo y paz.

Cuando en nuestras vidas  hay transformación y entrega total al Señor, entonces vienen las divisiones, porque el mal no quiere que obre el bien. Dios nos ofrece su paz. El mundo ofrece injusticias Dios ante esas injusticias nos mueve a cambiar nuestro mal comportamiento,apartarnos de las influencias del mal, para tener pleno encuentro con El, alejarnos de las discordias que hay con nuestros hermanos, de la mentira, falsedad, de lascríticas contra nuestro prójimo.

Cuando obramos a ejemplo de Jesús podemos darnos cuenta de  qué  la sociedad que no tiene a Dios en su vida siente desazón y desesperación. Que sea Jesús y la Virgen María, nuestro auxilio en los momentos difíciles.

Ahora preguntemos ¿De qué está lleno nuestro corazón, será de Amor o quizás de envidias, rencores, tristezas  y amargura? ¿Soy acaso autor de división y no dejo actuar el amor de Dios en mi vida?

Escrito por: José Leoncio Siboche, Seminarista Eudista.