REFLEXIÓN DEL EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 16, 19-31

octubre 3, 2019 Por admin

El Evangelio que hoy nos propone la liturgia, puede ser una herramienta que nos ayude a proyectar un poco más nuestra mirada y a hacer una reflexión más amplia de cómo nos comportamos en la vida cotidiana. El evangelio de Lucas cierra el famoso capítulo social que el domingo pasado planteaba cuestiones concretas para los cristianos, como el amor al dinero o a las riquezas y la actitud que los cristianos debemos mantener.

La parábola del evangelio de hoy es una de las más conocidas por todos nosotros, pues el Señor Jesús nos conmueve de una manera muy sencilla con ésta enseñanza, mostrándonos a dos hombres en diferentes circunstancias: Uno, sin nombre, en el pleno disfrute de sus bienes. Pero el otro que se nos presenta si tiene nombre a los ojos de Dios. Se llama Lázaro que significa “Dios es mi ayuda”. Quien sufre el abandono y la marginación.

Pero no nos vallamos tan lejos queridos hermanos, pues hoy sigue existiendo en medio de cada uno de nosotros muchos Lázaros que diariamente tienen que pedir limosna a las puertas de nuestras casas, montarse en un bus a vender unos dulces o en su defecto tener que limpiar los para brisas de un carro en el semáforo, pues todo esto lo hacen quizás para poder saciar un poco su hambre. Son aquellos inmigrantes queridos hermanos, que vienen de países pobres en busca de un salario que les permita vivir dignamente.

Luego más adelante vemos como la muerte cambia la suerte de ambos. Los enfrenta con la realidad de la vida. Se diría que, en definitiva, uno, el rico, lo perdió todo. Pero Lázaro no perdió nada. Entonces ¿Cuál es el verdadero valor de los bienes terrenos? El uno siente el desamparo. Quisiera ir a cambiar incluso el modo de vida  de sus hermanos. Hacer ahora lo que pudo hacer y no hizo. En cambio, el otro encuentra acogida y descanso.

Hermanos, no quiero que hagamos un juicio equivocado a la Palabra de Dios. Los bienes terrenos son dones de Dios para todos sus hijos. Son buenos y estamos llamados a usarlos y disfrutarlos. Pero cuando el hombre hace de ellos un dios, ahí si estamos cometiendo un grave error, pues el domingo pasado en la liturgia de la palabra escuchábamos que El Señor nos decía a todos nosotros “No se puede servir a Dios y al dinero”, pues cuando se sirve al dinero, fácilmente podemos llegar a herir y dominar a los demás, haciendo mal uso de ese don divino.

Termino mi reflexión para el día de hoy proponiéndote dos preguntas muy sencillas para que revisemos como estamos llevando nuestra vida.

¿Cómo me solidarizo con las personas que más lo necesitan? y ¿Qué hago para ayudarlos?          

Camilo Andres Vila Angarita – Seminarista Eudista                                                 

Escrito por: Camilo Andres Vila Angarita – Seminarista Eudista