REFLEXIÓN LUCAS 19:1-10

noviembre 7, 2019 Por admin

El evangelio nos ofrece la muestra de ese amor de Dios por todo lo que hace, incluso cuando el hombre asume una actitud negativa ante Dios. Es la experiencia viva del pecado, barrera que el hombre establece entre el amor de Dios y su condición de criatura. De un lado está un hombre llamado Zaqueo, jefe de recaudadores de impuestos y rico. El oficio que ejerce en la sociedad lo lleva a no comprender a sus hermanos, a actuar desmedidamente por encima de toda misericordia. El hecho de que es rico nos advierte que usa de su oficio en beneficio propio con quebrantamiento del amor a sus hermanos. Del otro lado está Jesús que lo busca para un encuentro con él. El amor generoso, entregado, del Hijo de Dios, y la dureza del hombre en la sociedad se enfrentan.  El uno es rico, Jesús es pobre en bienes de este mundo, no tiene donde reclinar la cabeza. Su única riqueza es el amor inagotable propio de Dios. Es encuentro entre el amor de Jesús que busca enriquecer a ese rico en bienes y pobre en amor. Jesús atraviesa la ciudad, parece que tuviera una sola intención: encontrar a Zaqueo, cambiar su curiosidad en necesidad. La palabra que le dice, con  nombre propio,  Zaqueo, es imperativa: Baja que hoy voy a quedarme en tu casa… más fuerte en el texto: hoy tengo que quedarme en tu casa. No es una opción entre otras sino una decisión única que excluye otras. Zaqueo se deja tocar en el corazón.

¿Historia ajena o propia? Al leerlo entremos en la persona de Zaqueo. Dios nos conoce, nos busca, se empeña en tener que pasar por nuestra vida, por tener que alojarse en nosotros. Cualesquiera sean nuestros pecados serán siempre barreras entre su amor y nosotros; y más aún, en todo pecado hay una repercusión que alcanza y hiere a nuestros hermanos. Jesús quiere pasar hoy por nuestra vida. No es simple objeto de curiosidad, de búsqueda no comprometida de algo extraordinario. Su paso es salvador y es un reclamo a lo profundo del corazón. Cambiemos nuestra curiosidad en necesidad de su presencia. En un mundo que se empeña en borrar a Dios de su horizonte seamos testigos de la presencia viva de Dios que en Jesús, en su Iglesia, pasa hoy por nuestra vida y nos quiere cambiar y cambiar el mundo. Esa experiencia de vida divina en nosotros puede trascender más  al mundo de Dios y revelarle su amor que muchos estudios. Nos está diciendo: hoy tengo que quedarme en tu casa y ojalá para nunca más salir de allí. Amén.

Reflexión por: Jefry Alexander Andrade Martinez -Seminarista Eudista.